El misterio del mal de las vacas locas
Madrid, (CNN): La Encefalopatía Espongiforme de transmisión Bovina (EEB),
conocida como "mal de las vacas locas", es una nueva enfermedad que
nadie sabe cómo se originó exactamente ni cuáles serán sus efectos sobre la
especie humana. Sin embargo, las previsiones van desde un par de cientos a
cientos de miles de fallecimientos.
El denominado popularmente "mal de las vacas locas", debido a que los
animales afectados sufren espasmos y calambres continuados que los hace
comportarse como trastornados, apareció en la cabaña bovina británica en los
años ochenta.
En el Reino Unido se han controlado 180.000 vacas afectadas, aunque pudieron ser
muchas más entre los casi cinco millones de animales sacrificados desde 1996.
Según la revista "Nature", casi un millón de vacas infectadas han
podido llegar a la cadena de suministro alimentario.
La EEB al transmitirse a los humanos ha causado hasta el momento 91 muertes, en
lo que se conoce médicamente como nueva variante de la enfermedad
Creutzfeldt-Jacob, una degeneración del cerebro, de cuya existencia se sabía
desde los años veinte en adultos, pero que en su nueva variante afecta a todas
las edades.
En la persona infectada, aparecen unas proteínas, llamadas priones, que se han
degenerado y contagian a las que las rodean. En vez de ordenarse correctamente,
forman núcleos esponjosos en el cerebro, una especie de agujeros que rápidamente
se traducen en demencia.
Los primeros síntomas son insomnio, pérdida de memoria, depresión, ansiedad y
miedo, para posteriormente sufrir descoordinación, incontinencia y ceguera. Una
vez aparecida la enfermedad, el desenlace fatal se produce inevitablemente en
cuestión de pocos meses.
El invencible prión
El principal temor de los científicos apunta a que probablemente son muchas las
personas ya infectadas a lo largo de las dos últimas décadas, pues los priones
pueden pasar largas temporadas sin manifestarse. Resisten altas temperaturas,
esterilización, luz ultravioleta y radiaciones ionizantes. Además, sobreviven
durante años enterrados en el suelo. Por ello, un pedazo de alambre en contacto
por pocos minutos con un prión se vuelve tan contagioso como un trozo de hueso
de vaca infectado.
Mucha gente puede estar infectada sin saberlo porque los alimentos que
recibieron cuando eran niños contenían priones. La carne barata de viejas
vacas lecheras es la más peligrosa y se usa para hacer hamburguesas, pasteles
de carne, salsa de pasta y otros productos.
Pero la alimentación es sólo un camino en la transmisión. Menos de la mitad
de la carne de una vaca termina en la cadena alimentaria. El resto se usa para
todo, desde filtros para cigarrillos hasta jabón; de cosméticos a productos
farmacéuticos, sobre todo vacunas; de alfombras a cremas antiarrugas; de
aparatos de televisión a potenciadores musculares, de comida para animales domésticos
a alimentos infantiles.
Aunque no se sabe cómo pasa de una especie a otra, se han detectado ardillas,
ciervos, primates y felinos cautivos en zoológicos, y hasta gatos domésticos
con la EEB.
Al no ser virus ni bacteria, sino una proteína degenerada, el prión es muy difícil
de detectar porque no genera anticuerpos. Sólo se descubre si se examina el área
afectada. Así, un paciente cuya infección no ha sido conocida, puede
transmitirla a través de una operación quirúrgica sin que nadie se percate.
Por esto, en varios países se han prohibido las donaciones de sangre de
personas que hayan residido en el Reino Unido en los años noventa.
Vaca come vaca
Una vaca puede infectarse por ingerir un solo gramo de pienso con priones. Como
se supone que tarda más de tres años en incubar la enfermedad, se están
sacrificando todos los animales mayores de treinta meses.
Nadie sabe cómo contrajo la enfermedad el primer animal afectado, pero el
descubrimiento de que con piensos enriquecidos con despojos triturados de vacas,
sus congéneres engordaban más y mejor, precipitó su extensión, primero en el
Reino Unido, y después en el resto de la Unión Europea.
Más del 99 por ciento de todos los casos de EEB en ganado bovino han sido
localizados en el Reino Unido, 180.565 casos, donde la epidemia parece haber
sido controlada mientras se extiende por el resto de Europa. Irlanda tiene 568
casos, seguida de Portugal con 484, Suiza con 364, Francia con 205. Otros siete
países europeos han tenido cifras mucho más pequeñas.
En 1988 se prohibió en el Reino Unido seguir alimentando al ganado con harina
de huesos de rumiantes, pero se siguió exportando la mezcla al resto de Europa.
Cinco animales con EEB han sido localizados en España desde el pasado
noviembre, tres de ellos en Galicia y otros dos en León.
En España se han detectado 313 casos de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob
desde 1993, la mayoría desde 1997 pero, al no realizarse los difíciles y
peligrosos estudios pertinentes, se ignora cuántos de ellos pudieron ser debido
a la EEB.
Sistema de detección
Prionics, una empresa fundada en 1997 por tres investigadores suizos, parece
haber ganado la carrera para conseguir un sistema de detección de la EEB. Su
"Prionics-Check", que tarda seis horas en ser aplicada y cuesta 47 dólares,
ya está siendo utilizado en media docena de países europeos, incluido España,
y podría convertirse en una verdadera mina de oro, tras el anuncio de la UE de
examinar todos los animales sospechosos.
Basados en las experiencias hasta el momento, los responsables de la empresa
calculan que uno de cada 500 animales examinados puede tener la enfermedad.
Los objetivos de Prionics, y de otros muchos laboratorios privados y públicos
que trabajan a marchas forzadas en el tema, son conseguir un test automatizado,
descubrir una cura para la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, y por supuesto,
averiguar cómo y por qué una anónima vaca británica sufrió la primera
embestida de estas proteínas degeneradas y un día comenzó a dar traspiés
extraños.
Fuente :
![]()