El maltrato podría afectar las funciones cerebrales
Buenos Aires, (Clarín): Una palmada, una cachetada o incluso un grito pueden
provocar alteraciones significativas y permanentes en el cerebro infantil y
derivar en problemas de conducta, según una nueva investigación del Hospital
McLean, un centro psiquiátrico que depende de la Facultad de Medicina de
Harvard, en los Estados Unidos.
El doctor Martin Teicher, que dirigió el estudio, señaló que hay pruebas de
que los traumas emocionales de la infancia pueden causar deformaciones en zonas
importantes del cerebro y ser causa de depresiones, ansiedad y otros trastornos.
"Nuestras experiencias van modelando el cerebro. Una experiencia adversa
modela nuestro cerebro de otra manera", indicó Teicher. "Comprobamos,
por ejemplo, que el maltrato verbal es devastador".
Su equipo hizo centenares de tomografías de cerebro a chicos que habían
ingresado al hospital tras ser víctimas de abandono, violencia física o
verbal, y las comparó con tomografías de nenes que no habían pasado por
experiencias similares.
Descubrieron que en los chicos que habían sufrido abandono o malos tratos el
cuerpo calloso -los nervios que comunican los dos hemisferios del cerebro y
hacen las veces de principal vía de información entre ambos- era hasta un 40
por ciento más pequeño que el promedio.
Si el cuerpo calloso tiene un desarrollo inferior al normal, se inhibe la
comunicación entre los dos hemisferios. Por eso, un chico podría
"quedarse" en un hemisferio en lugar de pasar con rapidez y facilidad
de uno a otro, como es lo habitual.
El hemisferio izquierdo del cerebro controla la mitad derecha del cuerpo y es
donde tienen lugar el pensamiento lógico y racional y el lenguaje. El
hemisferio derecho controla el lado izquierdo, y es donde residen el pensamiento
creativo y emocional. Si se favorece uno en detrimento del otro, pueden
producirse graves problemas.
"Muchas personas que superaron traumas infantiles pueden ponerse muy
emocionales y carecer por completo de la guía lógica del lado izquierdo",
explicó Teicher. El doctor David Wood, experto en niños y adolescentes, indicó
que este trabajo supone un gran paso adelante porque plantea cómo hay que
tratar a los niños.
La investigación neurocientífica moderna se centra en la forma en que el
cerebro experimenta cambios físicos en respuesta a estímulos externos.
"Hablamos sobre una compleja interacción entre la disposición genética y
la experiencia", dijo Wood.
Peter Wilson, director de la organización de salud mental infantil Young Minds,
dijo que la investigación moderna muestra qué vulnerables son los niños:
"Estamos descubriendo que el cerebro es un organismo que evoluciona, que en
buena medida crece y se desarrolla durante la infancia. Y que reacciona al
entorno".
"Estos hallazgos muestran qué fuertes son los efectos que las experiencias
negativas tienen en la vida emocional de los niños y en su desarrollo".
Pruebas con animales indican que las neuronas reaccionan a algunas experiencias
durante las primeras etapas del desarrollo. La tensión en períodos importantes
determina si ciertas zonas del cerebro crecen o se mueren.
Teicher considera que su trabajo apunta a nuevas terapias. Ciertas actividades
-como tocar el piano- suponen una coordinación concentrada de los dos
hemisferios del cerebro. Ello podría llevar a la regeneración de algunas zonas
afectadas.
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