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CÓMO CONCEBIMOS AL PROMOTOR |
Las
condiciones actuales de vida no son justamente las más saludables. Es por
eso que vamos a insistir mucho en la necesidad de que el PROMOTOR
sea vínculo de participación, de generación de ideas y de proyectos que se
realicen.
Por supuesto, la observación atenta de la
gente, de las plantas y del contexto, irá mostrando como adaptar las
propuestas a las realidades locales.
Se dan por supuestos e imprescindibles la
INVESTIGACIÓN y la PLANIFICACIÓN de las actividades, en las que participan la
mayor cantidad de personas (de la escuela, de la comunidad) con sus diversas
aptitudes y saberes.
No podemos desaprovechar ningún saber.
Todos tienen algo que aportar al trabajo grupal y es bueno que inspiremos la
confianza necesaria como para que quieran hacerlo. También, dar la mejor
orientación como para decidir cuándo, cómo y dónde.
Habilidad para hacer la huerta y capacidad para compartir los saberes,
son las únicas condiciones para ser un buen promotor.
Proponemos un promotor capaz de acompañar a
las comunidades y a las instituciones en sus PROCESOS DE APRENDIZAJE; con sus
tiempos, a su modo, con respeto por su libertad, con vocación por su autonomía.
Pero también, con la mejor preparación técnica, no sólo para enseñar, mostrar
verdades que el mismo promotor ha visto antes, sino con capacidad de indagación
de la realidad como parta formular hipótesis, arriesgarse a cuestionarlas, a
preguntarse junto con los demás y a ensayar respuestas junto a otros.
Es en este sentido que entendemos que, quienquiera
que aprenda a hacer bien el trabajo de la huerta y desarrolle vínculos
satisfactorios con los vecinos, puede aspirar a ser un promotor.
Entre las exigencias que deberá satisfacer
el promotor para realizar su tarea con eficacia, está la de poder interpretar
las condiciones de vida de su comunidad.
Esto resulta fundamental, pues constituye
una actitud permanente de interrogación que lo llevará a observar atentamente
todas las manifestaciones de esa identidad cultural que enmarcará y orientará
la planificación y organización del trabajo comunitario.
ALGUNAS CONDICIONES PARA UN BUEN DIAGNÓSTICO
¿Qué trabajos les gusta hacer?
¿En qué trabajan?
¿Cómo lo hacen?, ¿Son prolijos, detallistas, cuidadosos?
¿Identifican relaciones de causa consecuencia con sentido común?
¿Cómo se alimentan?
¿Cómo cocinan?, ¿Cuántas comidas diarias hacen los niños?
¿Y los adolescentes?, ¿Y los adultos?
¿Quiénes cocinan?
¿Cómo están organizados?
¿Son abiertos, participativos?
¿Cómo están compuestas las familias?
¿Qué podrían compartir?, ¿De qué manera?
¿Qué saben acerca de la huerta?
¿Quiénes pueden enseñar a otros?
¿Por qué vienen a las reuniones?
¿Por qué no vienen?
Estas son algunas de las posibles preguntas
que, poco a poco, tendríamos que ir contestándonos, a fin de contar con los
elementos de juicio necesarios para adaptar nuestro trabajo a las condiciones y
características del grupo con que compartimos el aprendizaje.
Para el caso especial de los maestros van
algunas sugerencias de cómo hacer la transferencia a la tarea cotidiana de
educación en la escuela.
La experiencia de trabajar la tierra,
sembrar, cuidar la salud de las plantas (cultivar), cosechar y preparar
alimento apto para nutrir al hombre, implica un potencial educativo que,
creemos, puede ser aprovechado sabiamente por un maestro.
-
Descubrir el ciclo completo de
las plantas.
-
Identificar el tipo de suelo
que las nutre.
-
Reconocer el intercambio de
sustancias que se produce entre la tierra y los vegetales.
-
Interpretar el significado
ecológico de ese intercambio.
-
Descubrir las relaciones de
causa - efecto
-
Experimentar.
Como tarea expresiva:
- Percibir formas y tamaños,
reproducirlos, compararlos, asociarlos; inventar otras formas posibles,
estilizarlos para decoración, para actividades gráficas, plásticas, etc.
- Percibir colores, descubrir los
infinitos matices, describir sensaciones, tratar de reproducirlas con imágenes.
- Inventar historias, describir con
gestos, describir con palabras, animar la huerta.
Como tarea social:
-
Organizarse para atender las
diversas tareas.
- Planificar, hacer diseños,
organizar el tiempo.
- Cumplir con responsabilidades,
ser solidarios, ser perseverantes, resolver problemas, enfrentar
contrariedades.
- Valorar el ambiente, respetar y
amar la tierra, la naturaleza, descubrir sus leyes, aprovechar su riqueza.
- Valorar la salud, conocer el
cuerpo, prevenir enfermedades, aprender a nutrirse, a cuidarse, a “cuidar la
especie”.
- Descubrir relaciones de espacio
y tiempo y cultura, historia e identidad.
Ustedes verán cómo adaptar los instrumentos a las
realidades en que les toca actuar.
Es muy importante. Puede ser un inicio de
una hermosa amistad o la fuente de origen de varios malentendidos.
El primer contacto es el más duro de todos,
por lo tanto, es el que requiere mayor esfuerzo. En el momento de la
presentación de unos y otros, se arriesga la construcción de un muro de hielo o
de excesiva distancia, o de desvalorización o bien, se preparan los cimientos
de una relación distendida y fructífera.
Mucho depende eso de la actitud del que va
a “enseñar”.
Aquí van algunas sugerencias para “romper el hielo”:
1.
Disponerse en círculo;
armar algo parecido a una ronda, de pie o sentados. El promotor forma parte de
la rueda.
·
Presentarse por el nombre
completo y por el apodo o el nombre (de pila) por el cual le guste que lo
llamen. Explicar breve y claramente qué estudió, a qué se dedica y para qué se
ofrece. El promotor inicia, a modo de ejemplo, pero no completa su presentación
personal, pues lo hará al final.
·
A continuación, invitar a cada
uno a que haga lo mismo agregando, al dar la consigna, que indiquen dónde viven
y qué es lo que más les gusta de las huertas.
·
El promotor y/o técnico
completa su presentación según lo hayan hecho los demás, tratando de retomar
las expectativas puestas en la tarea por emprender. Se presenta el programa de
trabajo global y enseguida se los lleva a la huerta.
2.
Preparar tarjetas con
refranes, que puedan ser divididas en dos partes.
·
Repartir una mitad a cada uno
de los participantes y pedir que completen el refrán.
·
Otorgar dos minutos a cada
pareja para que intercambien datos sobre cada uno. Cada componente de la pareja
deberá presentar a su compañero ante todos los demás dando la mejor información
posible. Se pedirá un aplauso para dar la bienvenida a cada pareja que termina
su presentación.
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