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Manual del ProHuerta |
Estación
Experimental |
URL del sitio oficial: http://www.inta.gov.ar/balcarce/extension/phuerta/manual/introduc.htm
Como vimos anteriormente, una forma de mantener la fertilidad de la tierra es incorporándole abonos. Estos, sumados a una adecuada rotación y asociación de plantas, nos aseguran una producción continua, es decir, la posibilidad de sembrar todo el año.
Hay distintos tipos de abonos orgánicos: COMPUESTOS, VERDES y de SUPERFICIE.
Lo llamamos COMPUESTO porque se logra con la mezcla de restos orgánicos (residuos de cocina, yuyos, paja, estiércoles, ceniza) y tierra. Es un abono que podemos obtener en forma casera.
En pocos meses se convertirá en un abono "rico" con el cual las plantas se alimentarán.
SI
cáscaras de frutas
restos de verduras
cáscaras de huevo
yerba, té, café
hojas
NO
vidrios
huesos enteros
carne
grasas
plásticos
latas
Quienes dispongan de mayores superficies, pueden aprovechar una parcela para hacer siembras que sirvan para enriquecer la tierra. Estas siembras no se utilizan para el consumo, sino que se usan exclusivamente para incorporarlas a la tierra como fertilizante, por eso se las denomina abono "verde".
Las plantas que utilizamos como abono verde, se deben picar y enterrar a poca profundidad, un tiempo antes de que florezcan. Una vez incorporadas a la tierra, aumentarán rápidamente su contenido en materia orgánica. Este tipo de abono es muy útil para las tierras malas o empobrecidas, éstas se vuelven más fáciles de trabajar.
En el VERANO podremos sembrar: leguminosas (soja, poroto) y gramíneas (maíz, sorgo).
En el INVIERNO leguminosas (haba, arvejas, vicia, tréboles) y cereales (trigo, avena, centeno, cebada).
En el caso de las huertas escolares se podrían hacer abonos verdes en los períodos de vacaciones para mejorar la tierra, ya que en esos momentos la huerta no está en producción.
Es el aporte de materia orgánica colocada directamente sobre la superficie que se quiere fertilizar.
Pueden usarse materiales vegetales, como pasto restos de cosecha, paja, material semidescompuesto, etc., que además, funciona como "mantillo", evitando la evaporación y protegiendo la estructura del suelo del impacto de las gotas de agua.
También impide el crecimiento de yuyos. De esta manera, se harán menos necesarias las carpidas para desmalezar.
Son varios los métodos para preparar el abono compuesto. Lo ideal es apilar distintos materiales en capas, intercalando restos de vegetales verdes, restos de cocina, paja, estiércol, tierra y así sucesivamente. Hay que regar la pila para asegurar una buena cantidad de humedad y protegerla con algún material (plástico o chapa), para evitar que las lluvias perjudiquen la "fermentación" del preparado
IMPORTANTE:
Si no aparecieran lombrices en la abonera, conviene agregar algunas. Existe una
lombriz pequeña, de color rojo vivo, que se encuentra en las bostas maduras, que
acelera el proceso de transformación.
Una forma muy utilizada consiste en acumular los desechos en pozos o zanjas. Este sistema es apto para zonas secas. En cambio, en zonas húmedas, es recomendable solamente en verano, ya que en invierno, el exceso de humedad "pudre" el preparado.
Necesitamos un tacho de 200 Its., sin tapa ni fondo con agujeros en toda la superficie. Para mayor comodidad, podemos asentarlos sobre ladrillos, dejando un espacio (que taparemos con una madera), por donde extraeremos el compuesto más adelante. Vamos tirando en él, todos los días, los restos de cocina (yerba, cáscaras), hojas, pastos, yuyos con raíces, etc.. Cada tanto, agregamos una capa de tierra y removemos con la horquilla para airearlo. Tapamos el tacho para que no junte agua de lluvia.
Necesitamos construir una superficie de corralito (ver ficha técnica), dónde depositaremos pastos secos y verdes, restos de podas (menos ramas gruesas u hojas duras como la del gomero), estiércoles, etc. Como el anterior, conviene cubrirlo con una chapa o plástico para evitar que las lluvias lo encharquen.
Al cabo de un par de meses, se saca el contenedor de alambre y se deja la pila de materia orgánica.
A unos tres metros se vuelve a armar el corralito para comenzar una nueva abonera.
En verano, el abono estará listo para ser usado al cabo de dos meses. En invierno, en cambio, demorará unos meses más (cinco o seis). Podemos ir revisándolo.
El abono orgánico estará "maduro" cuando ya no nos sea posible distinguir los residuos que le habíamos incorporado, es decir, cuando esté lo suficientemente desintegrado y tenga un aspecto de tierra negra y esponjosa.
Si lo olemos, tendrá buen olor, a tierra fértil.
Se separa el abono con una horquilla o con una zaranda de 1 cm. de malla. Obtendremos así 3 tipos de materiales:
Además de asegurar la fertilidad de la tierra por medio de las rotaciones, podemos aportarle una fertilidad adicional con la incorporación de Abonos Compuestos.
Antes de la siembra de verduras trabajaremos el tablón con la horquilla (superficialmente) y le incorporaremos aproximadamente una carretilla de abono cada 4 ó 5 m2 de tierra.
Luego rastrillamos para permitir que el abono se incorpore.
La tierra no descansa nunca, permitiendo una producción continua. Es por esto que hablamos de "huerta intensiva".
Fuente:
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